El gran enemigo de todo buen líder se llama "EGO"

El gran enemigo de todo buen líder se llama «EGO»

Encontrar un líder que dirija, impulse y crezca con la empresa no es tarea fácil, pero cuando se encuentra es una joya; una característica de la evolución de un líder es ascender jerárquicamente dentro de la organización, lo cual lleva consigo un aumento de poder en su posición y en distintos sentidos.

Con este crecimiento en jerarquía y fuerza aumentarán también sus privilegios profesionales, económicos y poder adquisitivo. Enseguida el líder pasa por un proceso de re-adaptación a estos nuevos beneficios, llámese  una oficina más grande, un cajón de estacionamiento dentro del corporativo, adquisición de otros bienes en diferentes gustos particulares, etc… Lo cual es totalmente normal, sin embargo, el aumento de poder y lujos puede llegar a hacer cosquillas al ego, y «cuando el ego es acariciado por lo general crece».

No hay ningún problema con el crecimiento del ego, hasta cierto punto es normal que esto ocurra, pero, si el ego crece de manera desmesurada podría enfermar a los buenos líderes a tal grado de encerrarlos en una burbuja, y en consecuencia, alterar su toma de decisiones. Este trastorno del ego es nombrado como el “Síndrome de Hubris”, el cual es caracterizado por generar un ego desmedido, un enfoque general exagerado, aparición de excentricidades y desprecio hacia la opinión de los demás.

Un ego desmedido podría transgredir la percepción de la realidad y distorsionar nuestros valores, por lo cual el ego es uno de los asuntos principales a controlar y a equilibrar en el líder en crecimiento.

Si el líder cede a los deseos devoradores del ego la persona podría perder piso, reducir su campo de visión de las cosas o de la realidad, volviéndose blanco manipulable de la necesidad de reconocimiento y exaltación, lo que puede concluir en una toma de decisiones que pueden ser perjudiciales para él mismo, su equipo y/o la empresa.

Un ego engrandecido altera el comportamiento, por ejemplo, cuando se estima que somos los únicos responsables de nuestro éxito se tiende a ser egoísta, además de no estar abierto a la retroalimentación o poner una barrera defensiva en cuánto a la asimilación y aceptación de nuevos conocimientos, lo que muy probablemente llevaría a cometer errores futuros.

Lograr liberarse de un ego sobre dimensionado requiere de constante reflexión, repensar los beneficios que se han adquirido gracias al trabajo realizado es bueno, simplemente hay que estar atentos a identificar y seleccionar esos pensamientos que son para valorarnos y los que son solamente para el crecimiento del ego.

Rodearse de colaboradores que digan lo que piensan es importante, así como estar abiertos a la escucha de las opiniones y comentarios de nuestros colaboradores. Mantener la humildad es clave para contrarrestar los efectos secundarios que puede ocasionar el ego, así como muy importante recordar que el éxito siempre es logrado con la suma de esfuerzos de un equipo y no en solitario.

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